El último vocho

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El último vocho

De azul celeste y con una bandera mexicana sobre el cofre, desfiló por la última línea de ensamblaje el último ejemplar del auto del pueblo; que es lo que Volkswagen significa.  El clásico vocho dijo adiós el 30 de julio del 2003 en las instalaciones de la fabrica de Volkswagen en Puebla, acompañado de las golondrinas al puro estilacho mexicano.

Proyecto de Garaje de muchos, y orgullo andante de algunos chavo-rucos que andan bien felices por las calles manejando su vochito, este icono de los sesentas nos deja algunas curiosas reflexiones a los dieciséis años de haber sido fabricado su último ejemplar.

 

Volkswagen 1968. Fuente: Internet

Nacido de un padre maldito

Su concepción fue gracias a los requerimientos de Adolf Hitler cuando solicitó a Ferdinand Porshe, un auto económico, que pudiera transportar a cinco personas, a cien kilómetros por hora, con un amplio espacio para resguardar pertenencias, y por supuesto que pudiera ser asequible para la familia alemana promedio. Después de algunos prototipos y de la colaboración creativa de Hitler, se comenzó con la construcción de la fábrica en 1938 en un pueblo alemán con la que Hitler pretendía rivalizar contra Ford y su Modelo T en Estados Unidos, como parte de una de las estrategias para engrandecer la sociedad alemana. Pero el Führer también se las jugó feo al pueblo alemán.

Hitler vendió la siguiente idea a los trabajadores: Se les entregaba una libreta de ahorros, que les costaba un marco alemán, la cual tendían que llenar con estampillas que costaban cinco marcos cada una. La promesa fue que, al terminar de llenar su libreta de ahorros, podrían pasar a recoger su auto directamente a la fábrica por su flamante Volskwagen. ¡Oh cruel realidad!; las prioridades de la guerra derrumbaron los sueños de los trabajadores alemanes de tener su carro de ensueño pues los recursos fueron destinados para producción bélica. Obviamente es algo que el Führer ya tenía premeditado.

 

Dejando su pasado atrás

Al terminar la guerra, y tras haber sido rechazado por Ford y por otras compañías británicas, el vochito continuó teniendo su cede intelectual y de producción en Alemania, y en poco tiempo alcanzó la fama mundial. Llegó pues, nuestro amiguito de traumático pasado a los Estados Unidos en 1949,  para cambiar su imagen por algo más friendly y peace and love, gracias a la campaña publicitaria elaborada con un poco de humor y sarcasmo que Volkswagen desarrollo por aquello de 1959, ad hoc con la tendencia post guerra que se tenía en aquellos tiempos en Estados Unidos, en donde la población joven tenía la vista hacía el futuro ‘’no tan ambiciosa’’, en donde apostaban por lo sencillo, utilitario y lo ‘’antisistema’’. La neta, está bien loco si nos ponemos a pensar en la procedencia del vochito y que aparte Estados Unidos fue su comprador número uno. Se hizo tendencia, y en algún punto formó parte de lo ‘’chic hippie culture’’ así que fue rotundo antónimo de lo que al inicio pretendían los hippies como ir en contra de la industria. Los caminos de la vida; no son como yo pensaba, como los imaginaba. No son lo que yo creía. Sin embargo, una cosa era la ideología hippie, y por otro lado el impacto real de Volkswagen en la vida cotidiana con su campaña publicitaria y el desarrollo de los Estados Nación.

Campaña publicitaria ”piensa pequeño”. Fuente: Internet

En fin; el vocho nos enseño que no importa que tan siniestros sean nuestros orígenes, nosotros podemos brillar con nuestra luz propia y cambiar nuestra historia mediante una buena campaña publicitaria y en un contexto adecuado.

En la actualidad, el último vochito que se fabricó en México se encuentra en el Pabellón de las Carrosas de los Museos Vaticanos.

¡Arrivederci, little vochito!

¡Te amamos por siempre!

 

Peace.

Redacción: Stephanie Vázquez

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